top of page

El silencio entre años


Hay un espacio que no pertenece a ningún calendario. Un instante tenue, casi invisible, entre lo que termina y lo que aún no ha comenzado.

Aquí es donde realmente vive diciembre.


No es el ruido de las celebraciones ni la presión de resumir un año con conclusiones claras. Es la pausa que hay debajo de todo.

El silencio que se instala cuando los días se acortan y la luz llega suavemente, como pidiendo permiso.


Diciembre no exige respuestas. Ofrece un respiro.


En este intermedio, el tiempo parece suspendido. Sin avanzar, sin mirar atrás, simplemente flotando. Las mañanas se extienden suavemente. Las tardes llegan antes, trayendo consigo un silencio que parece intencional. Es una estación que invita a la reflexión sin cuestionamientos. Se permite simplemente observar lo que permanece.


No todo necesita un cierre. Algunas cosas deben dejarse sin terminar: pensamientos, sentimientos, versiones de nosotros mismos aún en formación.

Diciembre lo entiende. No insiste en la transformación; permite la quietud.


Nos pide que nos sentemos con lo que fue, sin apresurarnos hacia lo que debería ser el siguiente.

Este silencio no es vacío. Es un encuentro. De recuerdos que perduraron. De lecciones que llegaron silenciosamente. De momentos que no se anunciaron, pero que de alguna manera te cambiaron.


En la calma entre años, te das cuenta de que el crecimiento no siempre se siente como movimiento. A veces se siente como descanso.


Y quizás ese sea el regalo de esta temporada: un recordatorio de que la vida no solo se desarrolla en hitos y propósitos. También vive en pausas. En la suave luz que entra por las ventanas.

En las tardes sin agenda. En el simple acto de estar presente, aquí mismo, entre un capítulo y el siguiente.


El año cambiará pronto, por ahora dejemos que la tranquilidad perdure.

Comentarios


bottom of page