top of page

Escribir un diario es conversar con versiones de ti mismo



Hace un tiempo encontré una de mis libretas viejas mientras acomodaba un estante en mi casa.

La abrí sin pensarlo demasiado y empecé a leer algunas páginas al azar.

Lo que me sorprendió no fue realmente lo que estaba escrito, sino lo rápido que recordé a la persona que era cuando escribí esas palabras.


Uno olvida lo específicas que se sentían ciertas etapas de la vida hasta que vuelve a verlas escritas.

La música que escuchabas todas las noches. Los lugares a los que regresabas constantemente.

Las cosas que en ese momento parecían confusas. Las personas que ocupaban tu mente casi todos los días.

Incluso la forma en la que describías tus días dice mucho de quién eras emocionalmente durante esa etapa de tu vida.


Había páginas donde sonaba optimista. Otras donde claramente estaba inquieto sin admitirlo del todo todavía. También había preocupaciones que en ese momento se sentían enormes y que ahora parecen extrañamente lejanas.


Pero leer todo eso me recordó algo importante: cada versión de nosotros mismos se siente permanente mientras la estamos viviendo.


En ese momento nunca imaginas que algún día vas a convertirte en alguien completamente distinto.

Creo que por eso escribir un journal se ha vuelto más importante para mí con los años.

No porque crea que cada pensamiento deba documentarse, y definitivamente no por toda esta cultura de productividad que convirtió el journaling en otro ejercicio de self improvement.

Lo que me interesa es algo mucho más humano que eso. Escribir preserva tu vida interior de una manera que casi nada más puede hacerlo.


Las fotografías capturan cómo se veía la vida.

La escritura captura cómo se sentía vivirla.


Una foto puede recordarte dónde estabas.Pero un journal te recuerda quién eras. Te recuerda qué cosas te quitaban el sueño, qué esperabas que ocurriera después y qué intentabas entender de ti mismo durante esa etapa de tu vida. Y la memoria es mucho más frágil de lo que la gente suele admitir.

Con el tiempo, años enteros empiezan a mezclarse. Las rutinas desaparecen. Las conversaciones se olvidan.


Hay emociones que se vuelven casi imposibles de reconstruir por completo.

Olvidas cómo se veía tu departamento, cómo se sentía la atmósfera de tu vida o incluso en qué tipo de persona te estabas convirtiendo poco a poco durante esa etapa. Por eso se siente tan extraño cuando un solo párrafo escrito hace años trae todo de regreso de golpe. Recuerdas la habitación. El clima afuera. El café donde solías sentarte. La incertidumbre que cargabas en ese momento. Incluso tu propia letra empieza a sentirse emocional porque le pertenece a alguien que ya no eres del todo.


Creo que escribir un diario es, en el fondo, una forma silenciosa de dejar rastros detrás de ti.

No para una audiencia. No para convertirlo en contenido. Ni siquiera necesariamente para el futuro.

A veces simplemente es una manera de sentarte contigo mismo honestamente por un momento mientras la vida está ocurriendo, y quizá eso es más importante ahora que nunca.


Porque hoy la gente documenta prácticamente todo, pero muy pocos realmente registran lo que está ocurriendo dentro de ellos.


Guardamos fotos, screenshots, playlists y videos, pero hay personas que pasan años enteros sin poner en palabras lo que realmente estaban sintiendo mientras vivían esos momentos.


Por eso los diarios viejos se sienten tan personales, porque no solo te muestran tu pasado.

Te permiten encontrarte otra vez, aunque sea por un momento, con versiones anteriores de ti mismo.

Comentarios


bottom of page